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¿Qué es la retinopatía diabética?

La retinopatía diabética es la dolencia visual más común entre las personas que padecen diabetes. Generalmente estamos ante un problema de salud visual que afecta a ambos ojos por igual. Esta provocada por cambios que se producen en los vasos sanguíneos de la retina: expansión, pérdida de líquidos, contracción, obstrucción total, crecimiento anormal de nuevos vasos sanguíneos…

Los expertos distinguen dos tipos de retinopatía diabética: Proliferativa y no-proliferativa. En el caso de la retinopatía diabética proliferativa, estamos ante una dolencia visual que tiene como causa la proliferación de muchos vasos sanguíneos en la retina, los cuales se tapan e impiden que la sangre fluya correctamente.

En lo que respecta a la retinopatía diabética no-proliferativa, la causa es un deterioro de los vasos sanguíneos, que provoca que líquidos salgan a la retina por estos conductos (sangre, líquido adiposo…).

 

Síntomas de la retinopatía diabética

El problema más habitual que se presenta a la hora de diagnosticar la retinopatía diabética se encuentra en las primeras fases de la enfermedad. En este sentido, los primeros estadios de la misma suelen ser asintomáticos, por lo que la persona puede padecer esta dolencia sin darse cuenta.

A medida que pasa el tiempo y la retinopatía asociada a la diabetes avanza, los síntomas suelen presentarse con más intensidad y frecuencia. Los más habituales son:

- Presencia anormal de manchas en la visión, es decir, las clásicas ‘moscas flotantes’. No obstante, este síntoma no siempre está motivado por una dolencia.

- Visión brumosa.

- Pérdida de la visión.

- Dificultades para diferenciar ciertos colores en plenitud.

- Visión nocturna deficiente.

Estas son las señales más habituales que nos advierten de que podemos estar ante este problema. Como decíamos anteriormente, la retinopatía diabética suele afectar a ambos ojos.

 

Tratamiento de la retinopatía diabética

Las personas que padecen diabetes deben someterse a un examen oftalmológico anual (como mínimo), incluso si no experimentan ninguno de los síntomas antes descritos, ya que, como te explicamos, en las primeras fases es una dolencia asintomática.

La prueba más habitual a la hora de detectar este problema suele ser la de dilatación de los ojos. Controlar los niveles de azúcar en sangre y la presión arterial son los métodos preventivos más eficaces de cara a mantener esta dolencia visual a raya.

La fotocoagulación por láser, la cirugía o la aplicación de ciertos fármacos suelen ser los procedimientos habituales en caso de que la dolencia ya se haya presentado.

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